Historia 189
Esta es la historia 189 de 450 que te contaremos sobre León
Manuel Álvarez Martínez y Manuel Álvarez Ornelas —Manolo—, padre e hijo, siguieron el mismo camino: impulsar la curtiduría, apoyar el deporte leonés y crear y sostener una de las obras de asistencia más significativas de su tiempo, el Instituto Regional de Rehabilitación y Educación Especial.
La historia comienza en el norte del país. Don Manuel nació en Ciudad Juárez. A los 12 años concluyó la primaria y se incorporó al trabajo a la fábrica de mezclilla de su padre, conocida como La Nacional. Ahí hizo de todo: desde barrer el patio hasta vender el producto terminado. Su primera paga era de un dólar a la semana.
Recorría el estado de Chihuahua en busca de clientes. Esa experiencia le dio una visión temprana del comercio y del esfuerzo.
Con sus primeros ahorros compró la enciclopedia La Incógnita de los Siglos y a partir de entonces desarrolló su afición por la lectura.
La amputación de su pierna
A los quince años enfrentó un hecho que cambiaría su destino. Sufrió un accidente en patín que derivó, meses después, en una osteomielitis.
La enfermedad obligó a la amputación de una pierna.
Durante tres años fue sometido a múltiples intervenciones quirúrgicas para evitar la propagación de la infección. Desde entonces utilizó una prótesis; la primera, de madera, fabricada en Alemania.
A Manolo Álvarez le encantaba jugar al frontenis. Foto: Cortesía de la familia Álvarez Ornelas
La limitación física no fue un obstáculo en su vida. Con el tiempo, ese accidente explicaría su vocación por la asistencia social.
Se casó con Olalla Ornelas en Chihuahua y formaron una familia con tres hijos: Manolo, Martha Olalla y Beatriz Elena.
Pero la situación económica pronto cambió de manera drástica. La crisis mundial derivada del colapso financiero de 1929 afectó directamente la fábrica de mezclilla.
En 1930, con 21 años, Don Manuel decidió emigrar a León en busca de nuevas oportunidades. La ciudad tenía entonces cerca de cien mil habitantes y empezaba a destacar como un centro industrial en crecimiento, especialmente en el ramo del cuero y el calzado.
La familia se instaló inicialmente en una casa de huéspedes en la calle Cinco de Mayo.
Pionero en ropa de piel
El inicio fue difícil. Don Manuel viajaba con frecuencia a El Paso, Texas, donde detectaba tendencias en la vestimenta de hombres y mujeres. En 1932 regresó con tres modelos de prendas de piel. Intentó reproducirlos, pero se enfrentó a un problema técnico: no existían en León las pieles adecuadas.
La solución fue radical: aprender a curtir piel adecuada para fabricar chamarras.
Ese paso marcó el inicio de una trayectoria empresarial que lo colocó como pionero en la fabricación de chamarras de piel en México. El proceso era completo: de la piel cruda al producto terminado.
El boliche, otro de sus deportes favoritos. Foto: Cortesía de la familia Álvarez Ornelas
En 1936 inició formalmente con un trabajador, en un corralón del Barrio Arriba. Con el tiempo ocupó la antigua tenería de Isidoro Santos y amplió su plantilla a diez trabajadores.
Produjo charol y durante quince años curtió oscaria. Más tarde, en 1947, dio un giro hacia la producción de suela mediante un proceso largo, de hasta tres meses. Esa decisión respondió tanto a la demanda del mercado como a su capacidad de adaptación.
La Tenería Álvarez
Esa decisión consolidó su proyecto al instalar la Tenería Álvarez en la calle 16 de Septiembre —antes Calzada del Cerezo—. Actualmente ocupa el mismo lugar con el mismo nombre y sigue produciendo suela de gran calidad.
Don Manuel no sólo destacó por su producción. Fue pionero en otorgar prestaciones a sus trabajadores en una época en la que no existían. También participó en la organización del gremio curtidor.
El relevo generacional significó la continuidad de Tenería Álvarez. Padre e hijo compartían visión: trabajo y compromiso con la comunidad.
Manolo Álvarez siempre despachó en la oficina que ocupaba su papá, a la entrada de Tenería Álvarez. Foto: Cortesía de la familia Álvarez Ornelas
Ese mismo año, Don Manuel tuvo una dura experiencia en la política. El gobernador de Guanajuato, Jesús Rodríguez Gaona, le comunicó que estaba considerado para la Presidencia Municipal de León.
No fue así y cuando Rodríguez Gaona le dio la noticia: “Lástima don Manuel”. Él le respondió: “Lástima me la da usted, el partido y lo cochino que es la política”.
A partir de entonces, su energía se orientó completamente hacia la empresa, el deporte y la beneficencia.
El impulso al deporte
El deporte fue una de sus principales líneas de acción. Impulsó la Carrera de los Barrios que había iniciado en 1953. Esta competencia atlética con el tiempo se convirtió en tradición en León.
No era solo un evento deportivo. Era y aún es, una forma de cohesión social, de participación comunitaria. Durante años, la carrera entregó el Premio Manuel Álvarez al ganador, consolidando su nombre como referente en el deporte local.
El IREE: origen y sentido
La otra gran obra fue la creación del Instituto Regional de Rehabilitación y Educación Especial, ubicado frente al Hospital General de León.
En aquellos años, la atención a personas con discapacidad física era limitada. Las secuelas de enfermedades como la poliomielitis así como accidentes, dejaban a muchos leoneses sin acceso a tratamiento especializado.
El IREE ofrecía terapia de rehabilitación, atención médica y servicios de educación especial. Su financiamiento recaía en la familia Álvarez.
El instituto, sin duda, respondía a una experiencia personal. La amputación que Don Manuel sufrió en su juventud le permitió comprender la importancia de la rehabilitación. El IREE fue, en ese sentido, una extensión de su propia historia.
Manolo: continuidad y expansión
A la muerte de Don Manuel en 1995, Manolo asumió el legado con entusiasmo. Mantuvo la tenería, el IREE y el apoyo al deporte, pero también amplió el alcance.
Impulsó ligas de fútbol y atletismo. Promovió torneos en distintas disciplinas: clavados en la presa de La Olla, tenis, frontenis y boliche, este último su deporte preferido.
Participó en la creación de la liga de béisbol Jol-Gua-Ber, fortaleciendo la práctica deportiva entre los obreros.
Su interés no se limitó al deporte. Extendió su apoyo al ámbito cultural, especialmente a la ópera.
Gestionó la llegada desde Nueva York de escenografías completas para montajes como Madame Butterfly y Tosca, presentadas en el Teatro Doblado.
Ese tipo de iniciativas no eran comunes. Implicaban inversión, logística y una visión de ciudad que incluía el acceso a expresiones artísticas de alto nivel.
Manolo murió en 2007.
La historia de los Álvarez permanece ligada a León. Tenería Álvarez cumple 96 años y sigue produciendo suela de gran calidad, en el Barrio Arriba.
Sigue la tradición Olalla, hija de Manolo, apoyada por Roberto Muñoz Velázquez quien lleva más de 40 años colaborando en Tenería Álvarez, con igual espíritu: trabajo, constancia y compromiso con León.
DAR
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