
Uno de nuestros peores defectos, como sociedad, es el relativo a nuestra muy escasa cultura de la prevención. A contracorriente de la deseable actitud que implica anticiparse a los problemas, preferimos ignorarlos, incluso cuando resultan evidentes, y sólo reaccionar cuando estos generan sus peores consecuencias.
E incluso en este último caso nuestras reacciones no suelen ser asertivas. Por el contrario, solemos limitarnos a la manifestación de opiniones, la búsqueda de culpables y la emisión de “muestras de solidaridad” hacia quienes hayan resultado víctimas.