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Mundiario 13 Jun, 2026 20:16

El motor que impulsa a España no es el que esperaban los economistas

España ha mantenido en los últimos trimestres un comportamiento económico notable, con un avance del PIB cercano al 3% en 2025 y una continuación del dinamismo en el inicio de 2026. El empleo también se encuentra en niveles récord, con más de 21 millones de ocupados según las últimas cifras disponibles. A simple vista, el balance parece sólido y homogéneo.

Sin embargo, cuando el análisis se desplaza desde las grandes cifras hacia la renta por habitante, la imagen cambia. El ajuste por inflación acumulada desde la pandemia y la comparación con la media europea sitúan a España aún por debajo de su entorno: alrededor del 92% de la media de la UE en PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo. La brecha con economías como Alemania o Francia sigue siendo significativa.

Este contraste alimenta una lectura cada vez más extendida entre economistas: la economía crece, pero no necesariamente converge al mismo ritmo con los países más avanzados.

Productividad, tamaño empresarial y un modelo bajo revisión

Una parte central del debate se centra en cómo se genera ese crecimiento. Distintos analistas coinciden en que el principal motor ha sido la creación de empleo, más que las mejoras en productividad. En otras palabras, la economía está incorporando más trabajadores, pero sin un aumento equivalente de eficiencia.

Este fenómeno se vincula con una estructura empresarial muy fragmentada. En España, la inmensa mayoría de las compañías son microempresas, mientras que las grandes corporaciones tienen un peso reducido en comparación con otros países europeos. Esta falta de escala limita la inversión en tecnología, innovación y expansión internacional.

El resultado es un sistema productivo que compite en muchos sectores mediante costes relativamente bajos, lo que ha llevado a algunos expertos a hablar de una tendencia hacia una “economía low cost”. No se trata únicamente de salarios, sino de un conjunto de factores que incluyen menor capitalización, menor inversión en I+D y dificultades para ganar tamaño.

A ello se suma otro dato relevante: la inversión en investigación y desarrollo se mantiene por debajo de la media europea. Aunque las grandes empresas concentran buena parte del esfuerzo innovador, el grueso del tejido productivo sigue teniendo una intensidad tecnológica reducida.

Demografía, inmigración y el sostén del empleo

El segundo gran pilar del crecimiento reciente es el mercado laboral. El aumento del empleo ha sido sostenido y en parte impulsado por la llegada de población extranjera. Diversos análisis señalan que una proporción relevante de los nuevos puestos de trabajo creados desde la pandemia ha sido ocupada por trabajadores inmigrantes.

Este factor está ayudando a compensar un problema estructural: el envejecimiento de la población. España se enfrenta a un cambio demográfico profundo que reducirá la población en edad de trabajar en las próximas décadas. Sin inmigración o fuertes incrementos de productividad, el crecimiento económico tendería a moderarse.

El reto no es solo mantener el volumen de empleo, sino asegurar que ese empleo se traduzca en mayor valor añadido. De lo contrario, la economía puede seguir expandiéndose en términos de PIB sin que ello se refleje con la misma intensidad en salarios, productividad o bienestar.

En este contexto, el debate de fondo no es tanto cuánto crece España hoy, sino qué capacidad tendrá para sostener ese crecimiento en el futuro sin depender exclusivamente de más trabajo y más población. @mundiario

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