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Radar Inteligente
Vanguardia 08 Jul, 2026 05:00

Mirador 08/06/2026

Deber profesional de los fantasmas es rondar.

Lo han hecho los de Dickens, los de Wilde, los de Rulfo y todos los demás fantasmas que en este mundo y en el otro han sido.

Los que moran en la antigua casona del Potrero no dejan de rondar. Al principio me asustaban, pero he acabado por acostumbrarme a su presencia. También ellos se han acostumbrado a mí, y tampoco ya se asustan cuando nos topamos en alguno de los aposentos.

Anoche me encontré en la sala grande con el fantasma de don Quelo. Rogelio Dávila y Flores de Valdés se llamó en vida, y pienso que de muerto sigue llamándose igual. Los muertos cambian de carácter –todos se vuelven buenos al morir–, pero no de nombre.

Don Quelo me preguntó, cortés, por mi salud. Le respondí que me sentía bien, y me contó que así se sentía él aquella noche en que se fue a dormir. Ya no despertó del sueño, y ahora vive en otro sueño.

–Igual que usted –me dijo.

¿Qué me querría decir?

¡Hasta mañana!...

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