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Vanguardia 08 Jul, 2026 05:00

Amor perdido

Siempre he sido devoto aficionado –aquí no cabe decir “fan”– de Los Montañeses del Álamo. Tengo a honor haber cantado acompañado por ellos, formando dueto con Lalo González, “El Piporro”, en un festival benéfico. Cantamos el corrido de Rosita Alvírez. El culto y exigente público –“más exigente que culto”, solía decir Lalo– nos pidió otra, otra, y entonces cantamos “La Mujer Ladina”.

Cuando los padres de la amada eterna cumplieron 50 años de casados, Los Montañeses vinieron a la fiesta y la alegraron con su música. Ese conjunto formó parte de lo mejor de la tradición musical del noreste mexicano. Su arte era expresión del sentimiento popular. Oigo a Los Montañeses casi desde niño, en su programa radiofónico del mediodía con don Jeremías Becerra, entrañable personaje regiomontano.

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