El caldo de hueso ha ganado popularidad en los últimos años, pero la técnica detrás de esta preparación tiene mucho más tiempo que la tendencia. Cocinar lentamente huesos, cartílagos y tejidos conectivos permite obtener un líquido concentrado, con cuerpo y profundidad de sabor, además de aprovechar partes del animal que tradicionalmente han formado parte de fondos y caldos.
También es una preparación muy versátil: puede tomarse caliente, utilizarse como base para sopas y salsas o sustituir el agua al cocinar arroz, legumbres y otros guisos.
¿Qué aporta el caldo de hueso?
Durante la cocción prolongada, el colágeno presente en huesos, cartílagos y tejidos conectivos se transforma en gelatina, uno de los componentes que dan cuerpo al caldo.
Además, puede aportar proteína y pequeñas cantidades de minerales, aunque su composición depende de los huesos utilizados, la cantidad de agua y el tiempo de cocción. Harvard Health señala que una taza puede contener aproximadamente entre 8 y 10 gramos de proteína.
Su contenido de líquidos también lo convierte en una manera sencilla de complementar la hidratación dentro de una alimentación variada. Y, desde el punto de vista culinario, tiene otra ventaja: concentra sabor sin necesitar una gran cantidad de ingredientes.Los mejores huesos para prepararlo
Para obtener un caldo con buen cuerpo conviene combinar diferentes tipos de huesos. En el caso de la res funcionan especialmente bien aquellos que conservan articulaciones, cartílago y algo de carne, como rodilla, chambarete o cola. Los huesos con tuétano pueden sumarse para aportar mayor intensidad de sabor.
Con pollo pueden aprovecharse carcasas, alas, pescuezos y patas.
Antes de llevarlos a la olla, los huesos de res pueden hornearse durante 40 a 50 minutos a 200 °C. Este paso ayuda a desarrollar sabores más profundos y un color más intenso.
El caldo de hueso puede ser un buen aliado dentro de una alimentación equilibrada porque aporta proteínas y aminoácidos procedentes del colágeno, como glicina y prolina, que el organismo utiliza para formar y mantener músculos, huesos y tejidos conectivos.
Su contenido de proteína ayuda también al mantenimiento de la masa muscular. Además, aporta pequeñas cantidades de minerales como calcio, magnesio y fósforo, relacionados con la salud ósea, y electrolitos como potasio y sodio, importantes para la función muscular, nerviosa y la hidratación.
Durante la cocción prolongada, parte del colágeno se transforma en gelatina y libera aminoácidos que el cuerpo puede aprovechar para la renovación de tejidos. Por eso, más que un alimento milagroso, es una preparación nutritiva que concentra proteína, líquidos y minerales en una taza fácil de incorporar a la dieta.