La guerra entre Rusia y Ucrania ha vuelto a demostrar que el frente ya no se limita a las zonas de combate. Durante la madrugada de este sábado, una operación masiva con drones ucranianos alcanzó dos grandes plataformas logísticas de la empresa Wildberries, considerada el principal referente del comercio electrónico en Rusia, provocando al menos ocho fallecidos y más de 60 heridos, según las autoridades rusas.
Uno de los ataques tuvo lugar en la localidad de Kotovsk, situada en la región de Tambov, donde las autoridades regionales informaron de siete víctimas mortales y 25 personas heridas. El segundo impacto afectó a un centro logístico ubicado en Elektrostal, en la región de Moscú, donde se registraron 37 heridos, ocho de ellos en estado grave. Posteriormente, uno de los hospitalizados perdió la vida, elevando el balance de fallecidos a ocho.
La jornada también estuvo marcada por otro incidente en la región moscovita. La caída de fragmentos de un dron interceptado provocó un incendio en un depósito de combustible en Noginsk, dejó dos heridos y obligó a evacuar un hospital materno-infantil por precaución.
Las autoridades rusas han descrito la ofensiva como el ataque más grave contra población civil registrado en su territorio desde el comienzo de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022.
Kiev defiende que los almacenes tenían valor estratégico
Poco después de conocerse los bombardeos, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que las Fuerzas Armadas de su país estaban detrás de la operación. Según explicó, los centros logísticos afectados no eran simples almacenes comerciales, sino instalaciones utilizadas para facilitar el suministro de componentes sometidos a sanciones internacionales destinados a la fabricación de drones y equipos de navegación empleados por el ejército ruso.
Esta versión introduce un elemento cada vez más habitual en la guerra: la dificultad para diferenciar entre infraestructuras civiles y objetivos militares cuando determinadas empresas participan, de una forma u otra, en las cadenas de suministro que sostienen el esfuerzo bélico.
Por su parte, Moscú rechaza por completo esa interpretación. Las autoridades rusas califican el ataque de "acto terrorista" y aseguran que los drones transportaban explosivos con metralla destinados a causar el mayor número posible de víctimas.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó además que durante la noche fueron interceptados cerca de 400 drones sobre diferentes regiones del país. Aunque esa cifra no ha podido ser verificada de forma independiente, de confirmarse reflejaría una de las mayores operaciones aéreas realizadas por Ucrania desde el inicio de la guerra.
La guerra entra en una nueva fase con objetivos cada vez más alejados del frente
La ofensiva vuelve a poner de manifiesto cómo la tecnología está modificando profundamente el desarrollo del conflicto. Ucrania ha incrementado progresivamente su capacidad para atacar objetivos situados a cientos de kilómetros de la línea del frente, ampliando el alcance de sus operaciones sobre territorio ruso.
Hasta ahora, la mayoría de los ataques ucranianos de largo alcance se habían dirigido contra refinerías, bases aéreas, depósitos de combustible o fábricas relacionadas con la producción militar. Sin embargo, la destrucción de instalaciones logísticas utilizadas por una empresa de gran tamaño abre un nuevo escenario en el que las infraestructuras comerciales también pueden convertirse en objetivos si alguno de los bandos considera que contribuyen al sostenimiento del esfuerzo militar enemigo.
Kiev sostiene que esta estrategia responde a los continuos bombardeos rusos sobre infraestructuras civiles ucranianas. Desde el comienzo de la invasión, servicios esenciales como el sistema postal, la red ferroviaria, los puertos, las instalaciones energéticas, hospitales, escuelas y edificios residenciales han sufrido repetidos ataques que han afectado gravemente al funcionamiento del país.
Este intercambio de golpes evidencia que la guerra evoluciona hacia un modelo en el que la logística, el transporte y las cadenas de suministro adquieren un protagonismo similar al de los objetivos estrictamente militares. Al mismo tiempo, aumenta la preocupación internacional por el elevado riesgo que estas operaciones representan para la población civil, especialmente cuando las infraestructuras atacadas cumplen funciones tanto comerciales como vinculadas al esfuerzo de guerra. @mundiario