
La vigilancia estadística de los fenómenos naturales y sociales, se ha dicho en múltiples ocasiones y en todos los tonos posibles, no puede –ni debe– ser un hecho anecdótico. Lejos de tal posibilidad, la estadística debe convertirse en la herramienta privilegiada para tomar no solamente mejores decisiones, sino, sobre todo, decisiones de carácter oportuno.
Pero para que eso ocurra, la autoridad tiene que convertir a la información proveniente de la vigilancia estadística en un instrumento que esté incorporado al esquema cotidiano de toma de decisiones. Adicionalmente, desde luego, tiene que existir un compromiso con el mantenimiento de indicadores en parámetros que resulten aceptables.