El 28 de diciembre de 1895, el Cinematógrafo Lumière se mostró en París ante el público por primera vez, y todos sabemos (básicamente porque aquí estamos ahora, en una web de cine) que fue un éxito. Tanto, que los hermanos llevaron a sus empleados por todo el mundo para demostrar lo que sabían hacer. Y después de probar que su invento no era flor de un día en Londres y Bruselas, llegó el momento de enseñar 'La salida de los obreros de la fábrica' y el resto de sus cortometrajes al público de, por supuesto, Madrid. Y no en cualquier fecha.
Voy a hacerte emperatriz de Lavapiés
Como sabrás si nos estás leyendo desde Madrid ahora mismo, por estas fechas se celebra San Isidro, la gran fiesta de la ciudad, y los habitantes de la ciudad se lanzan a las calles a disfrutar del ambiente, comer rosquillas y gallinejas y, ya puestos, emborracharse en la pradera. Sin embargo, el 14 de mayo de 1896 se festejó otra cosa: la llegada del cine a España. Hace 130 años, sin saberlo, en los bajos del Hotel Rusia se iba a hacer historia.
El encargado de hacerlo fue Alexandre Promio, operador de cámara al que se le atribuye también el primer travelling de la historia, desde una góndola en el Gran Canal de Venecia. Promio llegó a Madrid con el invento y, para darle publicidad, montó una proyección privada para prensa y famosos el 13 de mayo (porque los pases de prensa modernos con influencers no han inventado nada). El reclamo funcionó, y se montaron colas gigantescas delante del hotel.
¡Y eso que era increíblemente caro! Concretamente, costaba una peseta, el doble que cualquier espectáculo teatral de la época. La sorpresa entre los asistentes, eso sí, era mayúscula, tal y como muestra esta reseña del periódico 'La Iberia' (que cerraría, por cierto, dos años después).
Es la fotografía animada: sobre un telón blanco se proyectan los cuadros, viéndose reproducidos los movimientos de las personas, el paso de los carruajes, la llegada de un tren y la ondulación de las aguas del mar, pero de una manera tan admirable y con una perfección tal, que no cabe más allá. Todos los cuadros arrancaron unánimes aplausos, y aunque todos ellos son de gran mérito, causan mayor admiración el derribo de un muro, la llegada de un tren a la estación (este es maravilloso), el paseo por el mar y la Avenida de los Campos Elíseos.
Hay que tener en cuenta que, pese a la algazara que se montó al ver el remate de 'El regador regado', el público español ya era consciente de la existencia de las imágenes en movimiento: unos meses antes se había mostrado el precursor del cinematógrafo, el Kinetoscopio de Edison, una experiencia individual que se disfrutaba acercando el ojo al visor. Ni siquiera era la primera experiencia audiovisual disfrutable ante una pantalla: el Animatógrafo se mostró en el Circo Parish de Madrid tres días antes, pero sus imperfecciones hicieron que permaneciera olvidado en la historia. En todo caso, ahora que el cine había llegado a España, ¿cuál era el siguiente paso a dar?
Vas a ver lo que es canela fina
Promio se quedó en Madrid más tiempo de lo esperado: no solo proyectaba el espectáculo 20 veces al día, sino que la propia familia real fue a verlo, felicitándole a posteriori. Ya que estaba, aprovechó para viajar por España y rodar las primeras películas rodadas en nuestro país, como 'Plaza del Puerto de Barcelona', 'Puerta del Sol' o 'Llegada de los toreros', que se fueron incluyendo en la programación del Hotel Rusia, que duró hasta el 19 de junio, antes de empezar un tour por otras ciudades de España.
Sin embargo, de primeras, el cine era considerado un invento exclusivo para las barracas y las ferias, y los primeros que compraron el aparato hicieron buena caja mostrándolo por el país. Uno de estos valientes fue Eduardo Jimeno, que tenía un espectáculo de figuras de cera que iba llevando por distintos puntos de España y compró un proyector que llevó a las Fiestas del Pilar, en Zaragoza. Lo que no imaginaba es que Estanislao Bravo, otro feriante nómada, pensara lo mismo, y anunciara enfrente de su barraca "En la caseta de enfrente, trece películas. Aquí, catorce". La picaresca española, vaya.
¿Y qué hizo Jimeno para contrarrestar la ofensiva? Rodar él mismo las películas y comenzar, de pleno derecho, la historia del cine español con 'Salida de misa de doce del Pilar'. Sí, el cine patrio nació de una caseta de feria con olor a algodón de azúcar y torreznos. Poco a poco, de las fiestas patronales se pasó a los cafés, y de los cafés a las salas de cine, conocidas por aquel entonces como "coliseos". En 1922 ya había 1500 salas en toda España, una de las cuales estuvo fundada por el mismo Jimeno: si vives en Madrid, seguro que has ido alguna vez al Proyecciones, ¿verdad? Pues adivina quién fue su fundador allá por 1899. La magia irreplicable de los inicios.
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La noticia
Hoy se cumplen 130 años de la llegada del cine a España. "Una perfección tal que no cabe más allá" que terminó en las barracas de las ferias ambulantes
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Espinof
por
Randy Meeks
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