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Mundiario 19 May, 2026 15:46

La Eurocámara redobla la presión sobre Alvise por el dinero de su campaña

El caso de Luis Pérez Fernández, más conocido como Alvise, ha entrado en una fase de aceleración política y judicial que trasciende lo individual para convertirse en síntoma de una tensión mayor entre las instituciones europeas y ciertos actores del nuevo populismo digital. Justo tres semanas después de su primer revés parlamentario, el Parlamento Europeo ha aprobado un segundo suplicatorio para levantar su inmunidad, esta vez por presunta financiación irregular de su formación, Se Acabó la Fiesta (SALF).

La decisión no es menor ni rutinaria. Supone, según EL PAÍS, despojar al eurodiputado de uno de los principales escudos políticos que le permitían operar desde Bruselas mientras acumulaba causas abiertas en España. Y lo hace en un momento en el que el cerco judicial se estrecha con una rapidez poco habitual incluso en los engranajes comunitarios, tradicionalmente más pausados.

El pleno reunido en Estrasburgo ha dado luz verde a la petición cursada por el Tribunal Supremo, que pretende investigar si Alvise recibió 100.000 euros en efectivo de un empresario para financiar la campaña de las elecciones europeas de 2024. El propio eurodiputado admitió la recepción del dinero ante el magistrado Julián Sánchez Melgar, aunque negó su uso electoral. Una versión que choca frontalmente con la del empresario implicado.

El episodio revela algo más profundo que una simple discrepancia de versiones: expone las costuras de un modelo político construido sobre la desintermediación, la viralidad y la opacidad financiera. En ese terreno, las reglas tradicionales de control institucional llegan tarde o directamente no llegan.

A este segundo golpe se suma un contexto aún más delicado. La Eurocámara ya había autorizado recientemente el levantamiento de su inmunidad por un caso de presunto acoso a la fiscal Susana Gisbert, y sobre la mesa hay al menos un tercer suplicatorio en marcha. La acumulación de causas dibuja un patrón que Bruselas difícilmente puede ignorar.

Una carrera contrarreloj entre política y justicia

El procedimiento que ha culminado ahora comenzó en noviembre de 2025, cuando la presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, anunció la apertura del expediente. Seis meses después, el engranaje institucional ha funcionado con una precisión poco habitual, avalado previamente por la comisión de Asuntos Jurídicos.

La rapidez no es casual. En Bruselas existe una creciente preocupación por el uso de la inmunidad parlamentaria como refugio frente a investigaciones nacionales. El caso Alvise se ha convertido en un banco de pruebas sobre hasta qué punto la Eurocámara está dispuesta a proteger —o a dejar caer— a quienes tensan los límites del sistema.

El aislamiento político de Alvise

Mientras avanzan los procedimientos judiciales, el eurodiputado permanece como no inscrito, lejos de los grandes grupos parlamentarios. Su frustrado intento de integrarse en el bloque de Conservadores y Reformistas Europeos —vinculado a la italiana Giorgia Meloni— evidencia un aislamiento político que va en paralelo a su situación judicial.

Sus antiguos compañeros de lista, Diego Solier y Nora Junco, no solo rompieron con él, sino que han impulsado acciones legales por presunto acoso. La fractura interna de SALF refuerza la idea de que el fenómeno Alvise, construido en gran medida sobre una identidad digital combativa, empieza a resquebrajarse en el terreno institucional.

Lo que está en juego va más allá de un eurodiputado polémico. El caso plantea preguntas incómodas sobre los límites de la política contemporánea: ¿puede un liderazgo nacido en redes sociales adaptarse a las exigencias de transparencia institucional? ¿Hasta qué punto las estructuras europeas están preparadas para responder a figuras que operan al margen de los códigos tradicionales? @mundiario

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