
Hay una suerte de fascinación por lo que está a la vuelta de la esquina. El misterio de lo que hay más allá siempre ha atraído la atención. Si al pasado viajamos con mucha frecuencia para tratar de encontrar un refugio de lo que hemos sido o de lo que ha estado alrededor nuestro para tratar de experimentar, con la bruma azul del recuerdo, las mismas emociones y los mismos sentimientos, con el futuro se establece, en cambio, otro tipo de sensación.
Es la de aquello que se nos permite idealizar. Aquello que todavía no está en nuestras manos, como ocurre con el pasado, y sobre lo cual aún no podamos trabajar. Al futuro se le imagina desde los parámetros con que contamos todos los días, pero también fracturándolos.