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Mundiario 19 Jun, 2026 10:18

El Mundial más grande de la historia también apunta a ser el más contaminante

El Mundial de 2026 presume de ser el más grande de la historia, pero esa misma condición empieza a dejar una factura incómoda: también apunta a ser el más contaminante que haya organizado nunca la FIFA. No es solo una cuestión de sensibilidad climática. Es una cuestión de formato, distancias, vuelos, sedes y escala.

Por primera vez participan 48 selecciones y se disputan 104 partidos. El salto respecto a las ediciones anteriores no solo aumenta el espectáculo, también multiplica los desplazamientos de equipos, cuerpos técnicos, periodistas, patrocinadores y aficionados. Cuanto más crece el torneo, más difícil resulta sostener el discurso de la sostenibilidad.

La gran diferencia está en el mapa. Catar 2022 fue un Mundial discutible por muchos motivos, pero concentró casi todos sus partidos en un territorio muy reducido. En 2026 sucede lo contrario: Estados Unidos, México y Canadá obligan a cruzar un continente entero. Hay sedes separadas por miles de kilómetros y grupos que convierten cada partido en una operación logística.

El avión se convierte así en el verdadero protagonista invisible del torneo. Las selecciones vuelan, los aficionados vuelan y la propia organización vuela. Según distintas estimaciones, la mayoría de las emisiones del Mundial procede precisamente de los desplazamientos aéreos, muy por encima de lo que generan los estadios, la iluminación o la actividad diaria de las sedes.

A eso se suma otro problema: el Mundial ya no lo siguen solo los que viajan. La edición de 2026 también es el torneo del streaming, las redes sociales, las plataformas, las casas de apuestas y el consumo digital permanente. Esa huella es menos visible que la de un avión cruzando Norteamérica, pero también forma parte del impacto ambiental de un evento global.

La contradicción es evidente. La FIFA habla de sostenibilidad, pero al mismo tiempo amplía el torneo, aumenta el número de partidos y reparte la competición por tres países enormes. Utilizar estadios ya construidos reduce una parte del problema, pero no elimina el principal: el coste climático de mover a millones de personas durante más de un mes.

Dejando huella, pero de la mala

El aficionado ve fútbol; el planeta cuenta kilómetros. Un partido en Nueva York, otro en Los Ángeles, otro en Vancouver, otro en Miami. Lo que para la televisión es una fiesta global, para la logística es una cadena de vuelos, autobuses, hoteles, traslados y emisiones que crece con cada nueva fase del campeonato.

El Mundial de 2026 puede ser el más espectacular, el más rentable y el más ambicioso. Pero también deja una pregunta que la FIFA no puede esconder detrás de un lema verde: si cada edición necesita más selecciones, más partidos, más sedes y más vuelos, el fútbol no solo está agrandando su negocio. También está agrandando su huella. @mundiario

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