El nuevo trabajo del científico italiano, titulado 85 segundos para la medianoche, toma como punto de partida la decisión del Bulletin of the Atomic Scientists de situar el Reloj del Juicio Final en su punto más cercano a una catástrofe nuclear en toda su historia reciente. Lejos de limitarse a una advertencia simbólica, Carlo Rovelli utiliza este marco para reflexionar sobre cómo las sociedades están interpretando el aumento de la tensión internacional.
Según plantea, el discurso del rearme no surge únicamente de cálculos estratégicos, sino también de una percepción creciente de inseguridad que condiciona decisiones políticas a largo plazo. Su obra se presenta así como una intervención intelectual en un momento en el que la idea de conflicto vuelve a ocupar un espacio central en la agenda europea.
Este tipo de advertencias, explica el contexto científico en el que se enmarca la obra, no solo buscan medir riesgos reales, sino también influir en la percepción pública y política sobre la seguridad global. En Europa, este tipo de mensajes ha adquirido una relevancia creciente en el debate político tras la guerra en Ucrania y el aumento del gasto militar en varios países miembros de la Unión Europea.
El equilibrio de la disuasión y el papel de Rusia en la ecuación
El físico sostiene que la percepción de amenaza procedente de Rusia está sobredimensionada en el debate público europeo, aunque reconoce que el país mantiene un arsenal nuclear significativo. En sus declaraciones recientes en medios británicos, ha insistido en que la narrativa de una amenaza militar inminente hacia Europa simplifica en exceso la complejidad geopolítica.
Aun así, reconoce un factor clave: la existencia de miles de ojivas nucleares en manos de Vladímir Putin, lo que convierte cualquier escalada en un riesgo existencial.
Desde esta perspectiva, la lógica del rearme no garantiza mayor seguridad, sino que puede reforzar la inestabilidad que pretende evitar. También subraya el papel de la NATO, cuyo peso militar contrasta con el de otras potencias globales y alimenta, según él, una dinámica de competencia armamentística difícil de revertir.
Rovelli también insiste en que la comparación de capacidades militares debe tener en cuenta no solo el tamaño de los ejércitos, sino también la capacidad industrial y tecnológica de cada bloque. Sin embargo, advierte de que estas métricas no deben convertirse en una justificación automática para aumentar la confrontación armada entre potencias. En su opinión, el problema central no es la falta de fuerza militar, sino la ausencia de canales políticos estables que reduzcan la desconfianza.
Miedo, confianza y el riesgo de una espiral militar en Europa
Uno de los puntos centrales de su análisis es la llamada “lógica del miedo”, un mecanismo que, según Rovelli, empuja a los Estados a responder a la incertidumbre con más gasto militar. Esta dinámica, advierte, puede derivar en una espiral en la que cada movimiento defensivo es interpretado como ofensivo por la parte contraria.
El resultado es una erosión progresiva de la confianza internacional y un aumento del riesgo de error de cálculo. En este escenario, incluso discursos políticos que apelan a la preparación para la guerra o a la adaptación educativa a un contexto bélico contribuyen a normalizar una idea de conflicto permanente. Para el físico, el verdadero peligro no es solo la existencia de armas, sino la pérdida de la capacidad colectiva para imaginar alternativas de cooperación y estabilidad duradera.
Las consecuencias a largo plazo, advierte, podrían incluir una mayor fragmentación internacional y una reducción de la cooperación científica y diplomática entre países. @mundiario