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Mundiario 29 Jun, 2026 00:09

La NASA acelera en una carrera contrarreloj para salvar a un telescopio de caer hacia la Tierra

La NASA se enfrenta a una carrera contrarreloj para impedir que uno de sus observatorios científicos más valiosos termine cayendo de nuevo hacia la Tierra. El protagonista es el telescopio espacial Swift, lanzado en 2004 para detectar explosiones de rayos gamma y otros fenómenos extremos del universo, cuya órbita se ha degradado mucho más rápido de lo previsto debido al incremento de la actividad solar.

Para evitar perder definitivamente el observatorio, la agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha una inédita misión de rescate valorada en 30 millones de dólares. El objetivo es elevar nuevamente la órbita de Swift antes de que alcance un punto a partir del cual ya no pueda ser recuperado. Si la operación tiene éxito, no solo permitirá prolongar durante años la vida útil del telescopio, sino que también podría inaugurar una nueva forma de mantener y actualizar satélites científicos en el espacio.

Aunque el espacio suele imaginarse como un vacío absoluto, los satélites que orbitan a pocos cientos de kilómetros de la Tierra todavía encuentran una tenue atmósfera que genera fricción. Esa resistencia va frenando lentamente las naves y provoca que pierdan altitud.

Este fenómeno se ha intensificado durante los últimos meses por el aumento de la actividad del Sol. Las frecuentes erupciones solares calientan y expanden las capas altas de la atmósfera terrestre, aumentando la resistencia que experimentan los satélites en órbitas bajas.

Swift, que actualmente vuela a unos 360 kilómetros de altura, pierde altitud a un ritmo cada vez mayor. Según las estimaciones de la NASA, si desciende por debajo de los 300 kilómetros antes de ser rescatado, la misión dejaría de ser viable y el telescopio acabaría reentrando en la atmósfera.

Precisamente para ganar tiempo, la agencia decidió apagar todos los instrumentos científicos del observatorio. Las observaciones se encuentran suspendidas desde febrero con el único propósito de reducir el consumo energético y ralentizar ligeramente su descenso.

Una inédita operación de rescate

La misión ha sido confiada a la empresa estadounidense Katalyst Space Technologies, que ha desarrollado un pequeño vehículo robótico autónomo denominado LINK.

Su tamaño apenas supera el de un frigorífico doméstico pequeño, aunque despliega unos paneles solares de doce metros de envergadura. Lo más llamativo son sus tres brazos robóticos, equipados con pinzas diseñadas para sujetar un satélite que nunca fue construido pensando en ser capturado.

El plan prevé que LINK sea lanzado mediante un cohete Pegasus desde las Islas Marshall, en el Pacífico. Tras el despegue comenzará una compleja persecución orbital que durará aproximadamente un mes. Una vez alcance a Swift deberá aproximarse lentamente, sujetarlo sin dañarlo y encender sus motores para comenzar un ascenso gradual hasta situarlo a unos 600 kilómetros de altura, una órbita mucho más estable donde podría continuar operando durante muchos años.

Si todo transcurre según lo previsto, el proceso completo requerirá cerca de tres meses y el telescopio podría reanudar sus observaciones científicas antes de finalizar el verano.

La dificultad de la misión reside en que Swift nunca fue diseñado para ser reparado o remolcado. Los ingenieros deberán capturar una estructura de 1,4 toneladas que lleva más de dos décadas funcionando en el espacio sin disponer de puntos específicos de anclaje.

Además, el observatorio carece de sistemas preparados para facilitar una maniobra de este tipo, lo que obliga al robot a trabajar con una precisión extraordinaria. La propia empresa responsable reconoce que no existe ninguna garantía de éxito. La NASA, cuando adjudicó el contrato el año pasado, estableció únicamente dos condiciones: actuar con rapidez y evitar que la situación empeorara.

 

Mucho más que salvar un telescopio

Aunque el rescate de Swift constituye el objetivo inmediato, el verdadero alcance de la misión es mucho mayor. Durante décadas, la mayor parte de los satélites científicos han seguido un mismo ciclo: lanzamiento, funcionamiento durante unos años y retirada definitiva cuando su órbita se degrada o aparecen problemas técnicos.

La NASA pretende demostrar que este modelo puede cambiar. Si un robot es capaz de alcanzar un observatorio antiguo, capturarlo y modificar su órbita con seguridad, en el futuro podrían realizarse tareas mucho más complejas, como repostar combustible, sustituir componentes o prolongar la vida útil de misiones cuyo desarrollo cuesta miles de millones de dólares.

En otras palabras, el mantenimiento espacial dejaría de ser una excepción para convertirse en una herramienta habitual.

Swift no es el único observatorio afectado por el aumento de la actividad solar. El telescopio Hubble también pierde altura progresivamente, aunque se encuentra en mejores condiciones orbitales.

Desde Katalyst ya plantean una futura versión de su robot capaz de intervenir sobre el Hubble dentro de unos años. De prosperar esta tecnología, algunos de los observatorios científicos más importantes del mundo podrían mantenerse operativos mucho más tiempo del previsto inicialmente, reduciendo además el coste de sustituirlos por nuevas misiones.

A pesar de sus más de veinte años en funcionamiento, Swift continúa siendo uno de los instrumentos más valiosos de la astronomía moderna. Su especialidad consiste en detectar estallidos de rayos gamma, explosiones estelares, colisiones de objetos compactos y otros fenómenos extremadamente breves que requieren una respuesta casi inmediata.

Además, la agencia considera que su utilidad aumentará durante los próximos años gracias a la actividad del telescopio James Webb y del futuro telescopio Roman, cuyos descubrimientos necesitarán observaciones complementarias que Swift todavía puede proporcionar. Precisamente por ello la NASA considera que invertir 30 millones de dólares en salvar un observatorio plenamente operativo resulta mucho más eficiente que construir desde cero un sustituto con capacidades equivalentes. @mundiario

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