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AM 19 May, 2026 06:04

Ancestros

perspectiva1

Hace dos años recibí un regalo familiar: una prueba de ADN (ácido desoxirribonucleico) en una caja de Ancestry. La empresa —fundada por mormones en Salt Lake City, Utah— comenzó en los años 90 la recopilación de la genealogía mundial. Durante años también recuperó datos de registros civiles.

La caja tenía un receptor de saliva que se enviaba por mensajería internacional a su central para determinar de dónde provenían los ancestros. Completé la prueba y la envié. Casi había olvidado el regalo cuando llegó un mensaje: la prueba estaba lista y podía abrirla con una suscripción.

Ahí encontré muchas sorpresas, como los nombres exactos de mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, así como sus fechas y lugares de nacimiento. La liga la habían obtenido a partir de algunos datos que proporcioné y de otras ligas que podían haber estado presentes en el ADN, semejantes a las de otros miembros de la familia extendida.

El abuelo paterno que siempre conocí como Everardo Gómez Mena tenía dos nombres más, desconocidos para la familia: José Julián Everardo, quien nació en Lagos de Moreno, Jalisco, el 16 de febrero de 1886. Surgieron muchos datos sobre bisabuelos y tatarabuelos. Además, Ancestry digitaliza las actas de nacimiento y de matrimonio, junto con los antecedentes. Tan solo ver la caligrafía de los registradores nos remonta a otra época.

La otra parte de interés estaba en los orígenes de los ancestros. Según la lectura del ADN, el 61 % proviene de la península ibérica: 20 % de España, 21 % del norte de España, 14 % de Portugal, 5 % del País Vasco y 1 % de las islas Azores. La vieja idea de que proveníamos de judíos sefardíes era cierta: 6 % del Mediterráneo del Este y 3 % del norte de África. Otra sorpresa: de los pueblos originales tengo el 13 % de México, básicamente del territorio que hoy es Jalisco y Aguascalientes. De Cuba y Ecuador hay otro 2 %. Solo para registrarlo: de Francia, un 5 %; de Inglaterra, un 5 %. Algo de Irlanda, de Italia y de Senegal, en África.
Como se ve, el mestizaje se remonta a antes del arribo de los españoles a México, cuando en Europa también existía una gran mezcla de razas y pueblos. ¿Tiene alguna utilidad saber cómo están mezclados los genes? Ancestry dice que sí: podemos inferir el carácter, la propensión a enfermedades y otras peculiaridades de nuestra mezcla racial, en las que no tengo tiempo para indagar.

La empresa que comenzó como una devoción de la Iglesia de Cristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) se convirtió en un negocio apetitoso para Blackstone, un fondo de inversión fundado por Stephen A. Schwarzman, un genio de origen judío. Las bases de datos de Ancestry ahora cuentan con miles de millones de documentos, datos, datos cruzados e información de ADN, que se perfeccionan a medida que sus suscriptores aportan más datos. Es el mejor negocio de genealogía del mundo.

Debo decir que la única raza de la que tengo orgullo es la mezcla de todas: el mestizaje que viene de siglos, de los romanos que dominaron la península ibérica, de los portugueses que alimentaron la sangre española y de los indígenas de la región, que nos dieron aliento vital para completar nuestra infinitesimal probabilidad de haber nacido.

Hay que reflexionar sobre los juicios que se hacen acerca de la historia y de los personajes que la forjaron y la escribieron: Colón, Cortés, la Malinche, los aztecas y los tlaxcaltecas, por ejemplo. Este tema tiene que continuar, porque pedir perdón por lo que hizo Hernán Cortés es absurdo.

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