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Mundiario 24 Jul, 2026 06:02

Por qué el primer trasplante entre personas con VIH en España es mucho más que una operación

Durante años, tener VIH significó enfrentarse a una doble batalla: la de la propia enfermedad y la de las limitaciones impuestas por el desconocimiento. Aunque los avances médicos transformaron el virus en una infección crónica controlable, algunas barreras legales y sociales sobrevivieron mucho más tiempo. Una de ellas era la prohibición de que las personas con VIH pudieran donar órganos. Ahora, un trasplante realizado en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona no solo ha salvado una vida, sino que ha cerrado una etapa marcada por el estigma.

Manuel (nombre ficticio) se ha convertido en protagonista de un cambio histórico en la medicina española. Este hombre con VIH, afectado por una insuficiencia renal grave, ha recibido un riñón donado por un amigo suyo que también tiene la infección. Es el primer trasplante entre dos personas seropositivas realizado en España y supone la demostración práctica de que los avances en los tratamientos antirretrovirales han cambiado por completo el escenario médico alrededor del virus.

La intervención fue posible después de que el Ministerio de Sanidad modificara en 2024 una normativa vigente desde 1987 que impedía a las personas con VIH ser donantes de órganos. La decisión acabó con una restricción que ya no tenía respaldo científico y abrió una nueva posibilidad tanto para los pacientes con VIH que necesitan un órgano como para el conjunto del sistema de trasplantes.

Manuel llevaba tiempo con una enfermedad renal que había deteriorado gravemente su calidad de vida. La glomerulonefritis crónica que sufría había reducido la capacidad de filtrado de sus riñones hasta situarla alrededor del 7%. El cansancio constante, las restricciones alimentarias y el riesgo creciente de complicaciones hicieron que el trasplante dejara de ser una opción futura para convertirse en una necesidad urgente.

Su amigo decidió ofrecerle una oportunidad. Tras pasar todas las pruebas médicas necesarias, ambos resultaron compatibles y el equipo sanitario confirmó que el procedimiento era viable. La operación, realizada mediante cirugía robótica, permitió extraer el riñón del donante e implantarlo en el receptor con una técnica mínimamente invasiva.

Un avance médico que desmonta viejos temores sobre el VIH

El equipo de Vall d’Hebron ha insistido en que, desde el punto de vista quirúrgico, el trasplante no presenta diferencias respecto a los que se realizan habitualmente entre personas sin VIH. La complejidad está en otro punto: el seguimiento médico debe ser especialmente preciso para garantizar que los tratamientos contra el virus y los medicamentos para evitar el rechazo del órgano funcionen correctamente.

Jordi Navarro, infectólogo del hospital barcelonés, explica al diario El País que uno de los aspectos fundamentales es analizar la historia clínica del donante: comprobar la evolución del virus, la respuesta al tratamiento y si existe alguna resistencia a determinados fármacos. Con esa información, los especialistas pueden ajustar la terapia del receptor para cubrir tanto las características del VIH del donante como las del propio paciente.

Francesc Moreso, jefe de sección de la Unidad de Trasplante Renal, señala que el riesgo de rechazo del órgano en una persona con VIH es comparable al de cualquier otro paciente. La diferencia está en la necesidad de coordinar cuidadosamente los tratamientos, algo que hoy resulta mucho más sencillo gracias a los avances farmacológicos de los últimos años.

Este caso también refleja hasta qué punto ha cambiado la percepción médica del VIH. En los años ochenta y noventa, la infección era considerada una contraindicación para los trasplantes debido al temor a infecciones oportunistas y complicaciones graves. La llegada de los tratamientos antirretrovirales transformó esa realidad y permitió que las personas con VIH alcanzaran una esperanza de vida similar a la del resto de la población.

Más órganos disponibles y menos estigma para miles de pacientes

En España, alrededor de 50 personas con VIH esperan actualmente un trasplante. La mayoría necesita un riñón, aunque también hay pacientes pendientes de recibir un hígado u otros órganos. La posibilidad de que las personas con VIH puedan convertirse en donantes amplía el número de órganos disponibles y puede reducir los tiempos de espera.

Albert Santdiumenge, coordinador del Programa de Donación y Trasplantes del Hospital Vall d’Hebron, considera que el cambio tiene una doble dimensión. Por un lado, ofrece nuevas oportunidades a los pacientes con VIH que necesitan un órgano. Por otro, aumenta la disponibilidad general de trasplantes, beneficiando también a personas sin esta infección que se encuentran en lista de espera.

Según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), durante la última década hubo al menos 65 posibles donantes fallecidos con VIH cuyos órganos podrían haber permitido hasta 165 trasplantes. La nueva normativa no solo elimina una prohibición legal, sino que reconoce el derecho de las personas con VIH a decidir si quieren ser donantes.

Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la ONT, destaca que la evidencia científica disponible indica que los resultados de estos trasplantes son similares a los realizados con órganos procedentes de personas sin VIH. La seguridad del procedimiento ya ha sido respaldada por la experiencia acumulada en otros países.

Estados Unidos autorizó estos trasplantes en 2013 dentro de estudios clínicos y desde 2024 forman parte de la práctica habitual en determinados casos. En Europa, varios países han avanzado en esta línea, aunque todavía existen diferencias importantes en la regulación. Reino Unido, Francia e Italia concentran buena parte de los trasplantes realizados entre personas con VIH. @mundiario

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